lunes, 3 de octubre de 2011

Nadia

¿Qué no te han dicho mis labios
que no se calle mi alma?
¡Acaso todo,
completamente todo y sin embargo,
no alcanza el alma mía,
a sufragar su grito
en tu entraña más lejana!
¡Qué no quisieran mis manos,
junto al desvelo de las tuyas!
Naufragio pleno,
hambre de amaneceres hondos
que no se acallan, 
grito de silenciosos ventanales
que en miles de pasos,
nos apartan brevemente.
¡Qué cosas en mi cuerpo
inesperadamente no te nombran!
Desde el glacial hasta la tea,
desde la entraña hasta la copa,
es un diván abierto
este palmo de carne que te llama,
que te persigue a solas
y en el bullicio también te guarda,
con ímpetu que llega,
que tambalea las últimas fronteras 
del corazón que arrasas.
¡Cuánto! ¡Cuánto mi tarde loca
no se desgrana por contarte!
¡Cuánto olor de avellanas,
no destilan mis últimos suspiros
sobre la jungla de tu pelo!
Como el agua misma
te escucho gotear de lejos
y como el fuego hiriente
te siente nacer mi dermis en su impulso.
¡Qué no te dieran todos mis desvelos,
en un anochecer que leva el ancla
y en un amanecer que no termina!

Alberto Madariaga
(2011)

1 comentario:

  1. Sin duda es un lindo poema para mi, ojalá y siga siendo por mucho tiempo tu musa, te mando un beso, bueno muchos, te amo.

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