No quiero profanar el desencanto,
por sólo agujerar mi ley severa.
¿Quién puede en mi letargo ser quimera
de fuego y permanente en el quebranto?
Aguardan mis delirios, amaranto,
vertiéndose en mi sola enredadera.
Temo a la fauce hueca del que espera,
el trueno sin delirio y sin espanto.
Voy a los faros del dolor ausente,
de aquel que se anuncia, pero ardiente,
expone su trinar en la morada.
No quiero profanar el paso lerdo,
no quiero que despegue la mirada,
su rumbo hacia la nube del recuerdo.
Alberto Madariaga
(2011)
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