Desciende nuestro amor por cordillera,
plegada en un glacial apenas fuerte.
Empero, se vislumbra rara suerte,
de nieve sollozada y hechicera.
Persiste del amor vivaz lumbrera,
al tiempo que un desvelo se convierte,
en faro de frialdad, de altiva muerte,
que cuela su brillar en mi galera.
Confieso, tengo miedo de mi mano.
Un miedo inconmovible y soberano,
ajeno a reflexión en retirada.
Ansiosa todavía la mirada,
no baja su falange ante lo arcano,
mas puede ser lo arcano, flecha anclada.
Alberto Madariaga
(2011)
a Nadia
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