Una noche, mujer, sin previo aviso,
sentirás en tu dermis la noticia,
del temblor suscitado en mi caricia,
cual fantasma que ronda de improviso.
Sacudido en tu pecho, todo el piso,
abrirás una grieta a la delicia,
en el vuelo de ganas que propicia,
el despierto tesón que unirnos quiso.
Y no espantes amor, que no hay engaño,
de diabólico espectro y negro daño,
si es mi esencia quien llega a visitarte.
Temblará de tu seno el estandarte,
al calor de mi beso y desempaño,
para sólo en su anhelo cobijarte.
Alberto
Madariaga
(2011)
a Nadia
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