Mira, que no ves y tú me sientes,
no estás brillando aquí, pero te siento...
Nos ata en la distancia el pensamiento
y vibra la pasión en nuestros dientes.
Los cuerpos de los dos están ausentes,
en círculos de sombras y de viento...
Y sin embargo, amor, el firmamento,
acoge nuestras almas ya vehementes.
Mira que no es tu boca mi morada
-al menos no vislumbra todavía-
y sin embargo siento, que implacable,
me muerdes desde el labio hasta la umbría,
y sangras de mi piel amordazada,
el rictus más carnal e inenarrable.
Alberto Madariaga
(2011)
a Nadia
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