Tienen mis manos vastos humedales,
a la espera febril de que tus manos,
sacien calores hondos y lejanos,
en conciertos de niebla y ventanales.
No me sostienen íntimos raudales,
sino la sensación de tus veranos,
desvaneciendo en mí sus tintes llanos,
con furias y pasiones a caudales.
Tienen mis dedos molde y tesitura,
para grabar cual fiel fotografía,
de tu caricia el paso y su ternura.
Quiero tener un palmo de porfía
y ser un sol de fiebre y de locura,
al percibir tu mano con la mía.
Alberto Madariaga
(2011)
a Nadia
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