De tus ojos se llena la alborada,
huele a ti la campana del ambiente
y se torna vibrante y diferente,
esta calma que nace inesperada.
En mi sombra convive desatada,
de tu sombra la huella permanente;
cuánto blanco delirio intermitente,
nos conmueve la sangre enamorada.
Esta atmósfera plagada de tu aroma,
del idioma vivaz que de tu cuello,
en mi pecho se adentra como poma.
Y mi olfato te sigue en plena noche,
escuchando en el mapa del derroche,
de tu amor el acento, tierno y bello.
Alberto
Madariaga
(2011)
a Nadia
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