sábado, 3 de diciembre de 2011

Reloj de Arena

Se muerden las nubes sin tregua,
en una adelfa oscura,
de incontables caídas desde la cumbre.
Allí, se detuvo el tiempo en una astilla,
en un aullido de estrellas sin forma,
sin ojos, sin nombre.
Allí nos quedamos los dos,
completamente distantes del tiempo de la palabra,
del segundo sagaz de la espera,
de la nota fluctuante
y del rincón del ocaso.
Hoy sólo son céntimas agrias,
las que nos restan en esta masedumbre hueca,
donde el cristal cada vez más cambiante,
no recuerda la voz del principio,
donde nada,
donde todo se tiñe de niebla
y se queda sin gritos la sangre.

                     Alberto Madariaga
                         (2011)
                        a mi Madre

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