Cuando te veo correr entre mil rostros,
luna que siento cerca de mis noches,
cuando es el nervio un sol congestionado
de ganas en brasa viva,
cuando no llegas,
cuando simplemente el puente extiende por leguas de cielo
las multiples aceras que nos separan,
es cuando me nace un fugaz calor en los tímpanos,
es cuando una lluvia amenza mis pupilas
con la promesa firme de llevarse todo.
Siempre te espero al alba.
Al pie de las grullas del otoño,
donde es tu falta un espacio que no grita,
una candente nota que se extiende
desde el rincón que mi latir ubica,
hasta lo mismo y puro,
hasta todo lo más próximo y sereno
que el corazón no sabe.
Al pie de las grullas Amor,
de las grullas solas.
Son en el instante barcas de sueño
y el sueño es un huracán ensordecido de besos
y son los besos bombas de tiempo
y el tiempo, no suspira ni existe en el instante.
Y ahí,
donde mi voz te espera,
ahí,
se difumina un chorro de arena,
que no te ve llegar.
Vuelvo a verte correr sobre las horas,
a buscar tu facción entre mil rostros
y ahí, por las grullas del aire,
por los aires del cuerpo que te toca,
yo toco la voz del sueño,
con una alondra en la mano
y un ramo de desconcierto entre la otra.
Alberto Madariaga
(2011)
a Nadia
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