miércoles, 21 de diciembre de 2011

La semana sin ti

Nada se me acostumbra en este piélago de sueños,
nada que no retorne,
con tu olor sujetado a mis palabras.
Todo se prolonga indeteniblemente,
en una febril cascada de intenciones locas,
desesperadas,
vestidas por la niebla de tu imagen,
que no me llega sino en un eco herrante.
No se me acostumbra la almohada,
que tan sencillamente está dormida,
la cual, con impasible arrojo,
se olvida del hueco que me dejas,
que le dejas a las cosas que te miran
desde triángulos de cera y de jacinto,
para nombrarte en íntimos dinteles.
¿Acaso es culpa tuya?
No lo creo.
Tiene tu cuerpo a bien dejarme huellas,
por donde pasa tu perfume,
que se me queda en las bufandas de luz de la mañana,
tienes a bien martillar cada suspiro
con las hojas de plata de tu nombre,
tienes a bien mujer,
meterme riendas,
con tus ojos en celo,
con tus labios al alba.
Pero he de preguntarme por lo tanto,
cómo argumentar los días más oscuros,
estos,
inmóviles ante mis manos,
líquidos en mis oídos,
y esta inconforme ansiedad de que me encienda el día,
con la noticia de tus rojos besos,
con la cierta transparencia de los loros vivaces que llevas en el rostro,
con esta lluvia de soles,
que puedan marcar el fin de tu distancia
y el nacimiento de mi voz.

Alberto Madariaga
(2011)
a Nadia

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