viernes, 17 de febrero de 2012

Insomnio.

Quiero que seas mi amante, desde el alba del vaso,
hasta el anochecer de los íntimos suspiros.
No es tarde;
es tan temprano para ser de mis entrañas
una extensión voraz,
que me contemple cuando doy un paso
y me persiga en los vientos mas sobrios.
Que tu vestido teja hacia el suelo
un viaje de hojas,
que se convierta en otoño lánguido su lana
y que pueda surgir de su agonía
una floral ensoñación de llamas últimas.
Quiero que seas mi amante.
Quiero reconocer tus horas,
quiero saber de la tiebieza de tu beso
de lo salvaje que se esconde en las selvas de tus ojos,
de ese grito primero,
que es la sombra y la borrasca,
el tifón y la honda huella,
la cara del aire,
la simpleza del comienzo en el ocaso
y del olor de la carne en los delirios.
Quiero que nada queme mi corazón a solas;
no, que sea tu boca quien se coma todo,
que no me deje migajas de cordura en la hora de la niebla,
que sea mi pan tu mano
y que tu pecho,
tienda una red directo a tu cadera.
Toma el bastón de la locura sola
y entonces,
en silencio,
clava tu fe en mi carne acongojada,
y bebe de la sed de mis temblores,
que quiero que seas mi amante,
la de todo.

Alberto Madariaga
(2012)
a Nadia

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