Cómo juego las copas de tu pelo
y en la sombra del sol, con tu mirada,
porque fluye en mi sangre quieta espada,
apuntando directo a mi desvelo.
En la dicha postura todo es hielo,
porque falta en mi cuerpo llamarada,
de tu boca, tu voz apasionada,
de tu abrazo que sueño y tanto anhelo.
Que no soy un chaval y sin embargo,
siento acaso un tifón entre mis venas,
donde asoma el asalto más amargo.
Un asalto sin eco y sin cadenas,
por el hambre latente entre letargo,
de tu beso en mis noches más serenas.
Alberto
Madariaga
(2012)
a Nadia
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