sábado, 16 de junio de 2012

Pena mía.

¿Cómo narrar pues mi pena,
mi pena de voz dormida?
¿Cuándo dejarle salida
para que pise la arena?
El sentimiento es así,
un remolino esmaltado,
que extiende voraz tocado,
por los contornos del alma
y entonces, ausente en calma,
transmuta sin "más" ni "aquí".

Tiene sabor de frambuesa,
este soñar de amapola,
que vive en la adelfa sola,
con la esperanza posesa.
¿Quién le regala canción?
¿Quién puede blindar su pecho
y ver el limo deshecho
que lleva desesperada?
Porque esta pena truncada,
es savia en el corazón.

Recorre como la hiedra,
en mi mirar la ventana
y al no cuajar como grana,
su mismo espíritu medra.
Es gato en el cielo azul,
es cabalgata de loros,
que va brotando en mis poros,
hasta cantar al ocaso,
total que marca en mi paso,
la nota del abedul.

Y ya que no da pereza,
ni merma mi desaliento,
lo digo con sentimiento:
¡que viva así mi tristeza!
Si no es posible gritar
y ni en la sangre hay salida,
entonces que coja vida,
la pena que me sonroja;
yo voy sin más, cual la hoja,
que mira el frío llegar.

Alberto Madariaga
(2012)

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