Dicen que el alba es fresca
y no lo dudo.
Como tampoco dudo de cada mirto enraizado en tu nombre
o de las conchas de avena
que tiene tu voz cuando nace.
Dudo sin embargo, de esta cercanía,
de esta trémula nota de verano
que surge de los árboles de Enero
y se incrusta en mis ojos,
en mis fauces,
como una descarada lagartija,
que me transforma amor, que me transforma.
Y subo la cuesta
y miro tu vientre.
¡Oh sensación de ser!
¡Oh liviandad lejana!
Quiero bajar por el dosel de noche de tu pelo,
llegar a tus entrañas,
a tu boca,
y en un relámpago de fuego y sangre,
escapar al abismo de tu secreto abrazo
de ese abrazo que ofrecen tus hinojos.
O conmover la tesitura afable,
que de tu pecho, de tu cuello,
escapan.
¡Ignórame amor mío!
Ya ves que soy el tigre y soy el trueno.
Pero esa imagen que besó mi noche,
esa tibieza de tu cuerpo alado,
flotando en el vapor de mi deseo,
no ceja nunca,
no desespera su trance libertino
y me tiene a tus pies,
queriendo hacerte mía.
Alberto
Madariaga
(2011)
de "Bajo el Dosel"
No hay comentarios:
Publicar un comentario