No me salves del ósculo travieso de cada vena tuya...
No, no quiero ser librado
de tal condena de fuego y de jacintos.
Abrígame en tus rejas,
en cada sensación del único temblor de tu acento,
de cada holocausto de tu pecho y de tu vientre...
Voy a tientas sin tus riendas.
Siento la noche ignota,
feaciente corazón inesperado
que se desgarra y nace
de ese grito verde de la promesa de tus ojos.
No, no me salves del castigo innenarrable,
del atroz terror de tus manos en las mías
del abrazo largo y consentido
que tu pecho tiene ahora.
Voy al latido ausente,
voy al imperio eterno de tu razón temprana
y digo cinco estrellas
y digo cinco candilejas que el corazón implora,
porque cada vez que el amanecer imprime,
son tus verdes ojos,
el color de la aurora iluminada.
Así que no me salves.
No indultes el castigo de tu cuerpo en brasa,
y mueve en el jurado de tu boca roja
la pena más ardiente,
la más larga,
la más intensa pena de tu amorosa compañía.
No, no me salves.
No me dejes en el aura dando bandazos,
que si es preciso hacer al alba añicos,
será como tu quieras,
pero en la prisión de tus sentidos.
Alberto
Madariaga
(2011)
de "Bajo el Dosel"
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