Este collar de arándanos salvajes
que baja por la frente,
hasta rozar el trueno,
hasta cuajar con la sangre
el último milagro de la hoguera de la luna.
Y he ahí amor mío,
he ahí que te extiendes en los días,
en los espejos más lúcidos de mi cama y mi carne,
de este espiral de tiempo inacabado
donde la quietud,
se convierte en un baile
de gritos y de suspiros.
¿Y dónde va la noche cuando pasa?
Quiero que vaya al fin por tu cintura,
que suba a mi pelo y en mis sienes,
tienda un recodo de madreselvas,
que en tu entraña me oculten.
Heme aquí cuando son las horas
una bufanda de escarabajos verdes,
heme aquí corazón de la piel que te llama,
heme aquí y sabe de los tirones de suspiros,
que llevo al pensarte en la noche.
Alberto Madariaga
(2012)
a Nadia
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