Yo no me canso de cantar tu nombre,
con los ojos, con el filo del viento
que firma en las orillas de la bruma,
una cascada con tus ojos claros.
No se cansan los pinos, en su canto
nocturno, en esa larga serenata,
que lleva de mi voz el bravo acento,
para los escondites de tu oído.
No se cansan mis huesos, ni mi linfa,
de repetir tu nombre, de decir
en un latido ignoto y soberano,
y no se me canso de la noche inmensa,
que me abandona sólo a a tu recuerdo
y por mis labios va grabando: "Nadia"
Alberto Madariaga
(2011)
de "Luz de Trementina"
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